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El equipo conducido por Leonardo Astrada derrotó al conjunto “tripero” por 3 a 1, con goles de Agustín Alayes, José Luis Calderón y Mauro Boselli para el local y de Sebastián Romero para el visitante, que quedó con 10 jugadores por la expulsión de Maldonado a los 5’ del período final.

Fue el debut de Astrada en el banco de Estudiantes en el Apertura 2008 y nada menos que con un triunfo en el clásico.

El equipo “pincharrata” sumó así su quinta victoria consecutiva frente a Gimnasia.

Con el éxito por 2 a 1 sobre Arsenal por la Copa Sudamericana, el ex entrenador de Colón acumula ahora dos victorias en igual cantidad de presentaciones.

Estudiantes dispuso un 4-4-2, con Enzo Pérez como mediocampista izquierdo y Gastón Fernández en su puesto natural de mediapunta.

Gimnasia desplegó un 4-3-1-2, con Esteban González solo en la contención y el juvenil Gastón Martinena como esperanza ofensiva.

A los 2 minutos de juego, luego de un centro aéreo sobre el arco de Mariano Andújar, se rompió la red del arco “pincharrata”, cuyo arreglo demoró 4 minutos.

En el primer tiempo, a los dos equipos les costó jugar por abajo y trataron de sorprender con remates desde afuera del área.

Y un tiro libre frontal de Juan Sebastián Verón fue conectado de cabeza por Alayes, quien se anticipó a la frágil salida de Gastón Sessa para anotar el 1 a 0.

En el descuento y libre de marcas, Iván Moreno y Fabianesi remató por encima del travesaño, luego de un muy buen pase de Verón a Marcos Angeleri, quien mandó el centro hacia atrás para el mediocampista español.

En el segundo tiempo, urgido por la desventaja, Gimnasia se fue con todo hacia adelante y encontró su premio en una acción que se inició por la derecha y concluyó exitosamente “Chirola” Romero en el segundo palo.

Guillermo Sanguinetti se enamoró del empate e incluyó a Jorge San Esteban por Franco Niell, mientras que Astrada puso a Calderón por el lateral Juan Manuel Díaz.

Calderón mató un centro pasado con el pecho y definió cruzado de zurda y cuando Gimnasia intentaba levantarse, una definición exquisita de Boselli por encima de Sessa selló el resultado.