grondona

Por ser un documento tan revelador de lo que ya saben y piensan hasta en el exterior, me parece necesario darlo a conocer tal cual

Eduardo Torrico | viernes, 08 de agosto de 2008

El gran vividor

Me ha costado mucho determinar quién ha hecho más el ridículo durante este largo y cálido verano futbolístico, si Ramón Calderón con el caso Cristiano Ronaldo o Joan Laporta con el caso Messi. Creo que se lleva la palma el presidente azulgrana, porque montar toda la que ha montado, enfrentarse a la FIFA, al COI, a la AFA y al propio futbolista, para luego acabar plegándose al capricho de ese futbolista, niñato consentido, sin recibir nada a cambio, es algo que no entra en cabeza medianamente amueblada.

Aprovecho el esperpento de Messi para hablarles hoy de uno de los grandes parásitos del fútbol mundial, actor secundario de este culebrón: Julio Grondona, presidente de la AFA y vicepresidente primero de la FIFA (el que controla todo el dinero, lo cual le confiere un poder cuasi onímodo). Cuando el pasado día 30 la Comisión del Estatuto del Jugador de la FIFA declara que el Barcelona está obligado a liberar a Messi para que dispute con Argentina los Juegos Olímpicos de Pekín, Grondona saca pecho y dice: “Las reglamentaciones, tarde o temprano, tienen que cumplirse. La FIFA se basó en ellas por encima de las suposiciones del Barcelona. Los poderosos y los menos poderosos son necesarios en el fútbol y lo que hace la FIFA es legislar para todos igual”. Cuando días más tarde el TAS estima las alegaciones del Barcelona y dice que no está obligado a liberar a Messi, Grondona saca a relucir su espíritu dictatorial: “Messi se queda, diga lo que diga el TAS”.

¿Quién es este fulano que gobierna con mano de hierro el fútbol argentino desde 1979 (cuando la sangrienta Dictadura Militar aprobó su nombramiento) y las finanzas del fútbol mundial desde 1988? Pues eso, otro dictador, como aquellos militares, a la par que un vividor. Preciso: Grondona no es que sea un vividor, es que es el gran vividor del fútbol mundial, presente en todos los saraos que organiza la FIFA junto a esposa y, en no pocas ocasiones, hijas y nietos (por supuesto, con cargo a la FIFA).

Recuerdo aún con perplejidad una fría noche romana de diciembre de 2000. La FIFA acababa de proclamar a Maradona y Pelé como Los Mejores Futbolistas de la Historia, y al Real Madrid, como Mejor Club del Siglo XX. Al término de la cena de gala, celebrada en el lujosísimo y carísimo hotel Hilton Cavalieri, Alfredo Di Stéfano me llamó para que me uniera a la tertulia que mantenía con Grondona y a la que asistían las esposas de ambos. Como Grondona me conoce desde hace años, no sólo no se opuso a mi presencia, sino que siguió conversando con Di Stéfano con total familiaridad. En mitad de la charla, Grondona le espetó: “Alfredo, te tienes que unir a nosotros, a la FIFA. No te imaginás lo bien que vivimos. Vamos a todas partes del mundo, nos alojamos en los mejores hoteles y nos dan unos viáticos lindísimos” (para los no iniciados: los viáticos son las dietas). La mujer de Grondona, para reforzar las palabras de su marido, insistía con Sara (q.e.p.d.), la mujer de Di Stéfano: “Sí, sí, vení, vení… No te podés imaginar lo cómodas que son las butacas de los aviones en que viajamos, parecen camas”. Don Alfredo me miraba de reojo, como si aquello que estaba viviendo fuera un episodio de ciencia-ficción. No se lo podía creer. Y yo, tampoco. Al final, cuando el matrimonio Grondona marchó a rendir pleitesía a Maradona, que acababa de llegar a la cena de gala con dos horas de retraso, la incredulidad, tanto en Di Stéfano como en quien esto escribe, dio paso a la indignación. Don Alfredo, siempre prudente, se limitó a comentarme: “¿Has escuchado bien lo que ha dicho?”. Era la antítesis del fútbol: por un lado, un enorme futbolista, acaso el más grande de todos los tiempos, que se ha dejado la piel por este deporte; por otro lado, un directivo, un vividor, que le ha chupado la sangre al fútbol sin darle nada a cambio.

Nadie sabe cuánto dinero ingresa la FIFA. Nadie sabe cuán caudalosos son los ríos de dólares que corren cada vez que hay un Mundial. Nadie sabe cuánto gasta la FIFA y, lo qué es peor, nadie sabe en qué lo gasta. Bueno, sí, el único que lo sabe es Grondona. La FIFA tenía un auditor externo para que controlara sus finanzas, un tal Urs Linsi. Con el paso del tiempo, Linsi acabó fichando por la FIFA. Y algunos años más tarde, su fidelidad (consistente en no abrir nunca la boca) fue premiada con el nombramiento de secretario general de ese organismo, en sustitución de Michel Zen-Ruffinen, quien, con un par de cojones, había denunciado desde dentro la inmensa corrupción existente en la FIFA (evidentemente, tan gallarda denuncia le supuso la destitución).

Bueno, pues éste es Julio Grondona, que se pasa por el forro de sus caprichos las decisiones del TAS. Es el mismo Grondona que presidía la AFA cuando a Darío Franco, jugador del Zaragoza, le rompieron la pierna en un partido con la selección argentina. Darío Franco no volvió a jugar al fútbol y el Zaragoza no vio ni un solo euro en concepto de indemnización porque la AFA, incumpliendo las normas de la propia FIFA, no tenía contratado ningún seguro por lesión. A pesar de la advertencia de la FIFA, la AFA siguió sin contratar seguros por lesión y hace un par de años Maxi Rodríguez se dejó los ligamentos cruzados de su rodilla durante un amistoso España-Argentina disputado en Murcia. El Atlético de Madrid aún sigue esperando alguna indemnización por haber tenido siete meses a su estrella en el dique seco. Eso sí, todavía hay que escuchar a algún imbécil decir que lo más importante es el amor por la camiseta del país. ¡Ojalá el Barcelona tuviera un presidente lo suficientemente serio que, cuando a final de mes, Messi se presentara a cobrar el sueldo le dijera: que te paguen Grondona y la camiseta de tu país, niñato consentido”.

http://www.defensacentral.com/opiniones/mostrar/490/147