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El negocio del fútbol es una interminable catarata envuelta en un circulo vicioso cerrado en el que solo tienen acceso aquellos inescrupulosos que estén dispuestos a vender hasta a su persona por unos pesos.

En orden ascendente, podría decir que los mas poderosos influyentes en el ambiente del fútbol son sin duda los políticos.
Muchos pensaran que Julio Grondona ocupa ese lugar, pero antes es preciso comprender que Julio puede ser tan corrupto por que alguien en la “justicia” hace la vista gorda, por ende, hay alguien que lo supera.

Los políticos se comen una gran porción de las cifras multimillonarias del fútbol. Hacen inversiones, compran jugadores, cobran coimas, y utilizan a la masa popular amante del deporte como campaña política. Sin embargo, los políticos no pueden permitir que estos negocios le traigan demasiados dolores de cabeza, y es por eso, que aparece en acción el corrupto Grondona.

Como todos saben, Grondona es el presidente de la AFA, organización que se encarga de recaudar la mayor cantidad de dinero posible e invertir la mínima.
La principal causa de Julio Grondona fue la de endeudar a todos los clubes, no solo monetariamente, sino también de favores. Todos los dirigentes se encuentran en jaque mate ante el corrupto ferretero, al que luego sin posibilidades deberán retribuirle con su voto.
Para que todo esto suceda, la justicia apaña y da poder y protección a Grondona, ya que luego se comen juntos las dos grandes porciones de la torta.

Los presidentes de las instituciones no se quedan atrás, se dedican particularmente a enriquecer sus bolsillos como causa primordial. Para conseguir esto, necesitan el apañamiento de Julio Grondona, quien a su precio, decide apoyarlos en esta búsqueda eterna de la plata dulce.

Para tener entretenidos a todos y que nadie levante sospechas entran en juego los periodistas. Si bien su porción es mínima, su trabajo es uno de los más importantes. Son los encargados de tirar la basura abajo del sillón, y sembrar la bomba mediática que distraiga a las masas. Este negocio es un arma de doble filo, ya que como el caso de Gastón Recondo quien luego de dejar de cobrar su sueldo por parte de José Maria Aguilar, comenzó a atacar al presidente de River de la noche a la mañana, el cual luego decidió hacer publico el sueldo que el periodista recibía.

El negocio sigue y sigue a medidas incalculables. Para avivar la llama de la pasión, los dirigentes se encargan de contratar su jauría personal de descerebrados de oferta; los barra bravas.
Estos sin duda alguna son los mas tontos de todos, ya que siempre terminan pobres, presos o muertos.
Sabiendo que el final será este, los barra bravas no le hacen asco a sus profundos deseos de obtener dinero sin trabajar. Y claro, es que esa es la premisa que propone nuestro país, y a la cual todos están aferrados.

Una vez que se entra al negocio no se termina de salir jamás. Todos son piezas sustituibles y nadie tiene el poder eterno. Por eso, cual mafia italiana, todos se manejan meticulosamente y protegiéndose ante todo.
Las muertes en el fútbol, se le acusan al momento social en el que se encuentra el país. Pero los políticos reniegan de esto y responsabilizan al fútbol.

Los periodistas, al verse atados de pies y manos comienzan a disparar sandeces sin sentido con el fin de alejar el peligro. Algunos se inclinan hacia la política y otros a sus dirigentes. Tarde o temprano los hinchas terminan pagando los platos rotos de la fiesta del Coprosede o de la AFA.

Las medidas recurrentes a tomar son la de un fútbol sin público visitante, represión total en los estadios, o cámaras de seguridad sin efecto alguno.
Todo esto, conscientes de que nada cambiara por que los barra bravas siguen contratados y en un momento de locura volverán a atacar.

Claro, la bomba terrorífica hay que tirarla al menos una vez por año, y eso significa muchísimas más entradas en cuanto a lo económico. Si hay violencia, el fútbol gana más dinero. Si hay muertes, el fútbol gana muchísimo más dinero. Es casi como un negocio fúnebre, adonde se mantienen pura y exclusivamente a base de sepelios.

La policía necesita violencia y muertes para aumentar los ingresos en los operativos, los diarios necesitan vender más, Grondona quiere instaurar cámaras que el mismo vende con su amigo comparada, etc.

La única verdad absoluta del fútbol es que no hay una solución potable. Si mañana Grondona dejara su cargo, solo se iría su persona, pero seguiría vigente la tela de araña que ha sabido tejer con pasión y esmero.

Para que el fútbol vuelva a las manos del pueblo es preciso dimitir el gobierno nacional, la AFA, los dirigentes, la policía, los diarios, y eso jamás va a ocurrir. No obstante, los golpes monetarios son los que mas duelen a todas estas lacras inescrupulosas.

No seria mala idea cancelar todos los abonos de Cablevisión, no asistir al estadio, dejar de comprar camisetas, y tener un arma para contrarrestar los ataques de la mafia argentina. Esto por desgracia es una guerra, y aunque los hinchas luchemos por el fútbol, estamos con un gomera disparándole a tanques.